UN SORPRENDENTE VIAJE QUE LLEGÓ A LAS PUERTAS DE LA MADUREZ, LLENANDO DE NUEVAS SENSACIONES MI VIDA.

lunes, 18 de julio de 2016

El mar que me hace.

Me encanta sentarme desnudo frente al mar, seducido por sus penetrantes azules. El azul claro de sus ojos, el profundo de su alma, el turquesa que acarician sus dedos, o el incoloro de su piel, que en realidad son millones de azules transparentes como lo son mis sentimientos.

Sentarme como el, sentirme como el, desnudo de tiempo y alma, con la piel brillante por la luz del sol, compartiendo nuestra historia de respuestas y contestaciones que aligeran cargas y dan paz al espíritu.

El mar. Mi mar. Mi amigo. Bravo, fuerte, sensual, seductor, afectuoso como un amante que se entrega sin esperar nada a cambio. Siempre a mi lado, aunque le mire desde lejos, a través de montañas, valles y senderos. Mi mar. El mar que me hace un hombre transformado en libertad.


Hace tiempo que no voy a verle solo. El verano es tiempo de compañía y se hace difícil encontrar un momento de soledad. Quizás mañana lo haga para hablarle de mis sensaciones, de que al fin se quien soy.


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