UN SORPRENDENTE VIAJE QUE LLEGÓ A LAS PUERTAS DE LA MADUREZ, LLENANDO DE NUEVAS SENSACIONES MI VIDA.

lunes, 11 de abril de 2016

No hace falta mirarse a los ojos


Tus párpados se funden con los míos en un abrazo de dedicado deseo. No hace falta mirarse a los ojos para complacerse con los sentimientos. Aquellos que se desataron una tarde entre unas cañas de agua calmados por el sonido del mar y la calidez de la arena.


Septiembre candente de encuentros suspirados y encontrados. Abrazos de hombres entre furtivos pliegues, desatando la vitalidad encandilada entre los dedos que rondan esencias de macho anhelado.

Desde entonces no hace falta mirarse a los ojos para gozar de tanto vigor encerrado. Solo basta la cercanía de la piel desde la distancia, dormitar deliciosamente sobre el compañero desde el retiro, o sorber los ansiados labios aislados por ciudades que no se miran.

La tarde brota balanceante sobre cuerpos silenciosos, desnudos en la piel, jugando con restos del pasado como la brisa lo hace con los juncos en la playa. La tarde brota separando en afluencias nuestra presencia deseada. Solo queda tiempo para el recuerdo de lo que se anhelo y quedo anclado, varado en mitad de aquella tarde de arena, sal y agua.

¡Tan poco hubo, y tanto fue!. Emociones que perduran en lejanía calmando sueños abiertos de ojos, porque ahí los párpados ya no se cierran en vanos espejismos sino que se abren en ansiadas presencias.

------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Las fotografías proceden de Internet, y no se cita al autor por no indicarse en el lugar de origen su autoría y procedencia. En caso de incumplimiento involuntario de algún derecho se retirará inmediatamente







4 comentarios:

  1. La esencia de un encuentro que se marcó en mí, dejando una dulce cicatriz en el alma. Pudo haber sido sórdido pero fue tan bello como tú lo describes: encontré un amigo. Nada menos.

    Tus palabras han provocado emoción al hacerme rememorar mi propio encuentro del que ya, pasado el tiempo, casi sólo quedan impresiones. Bien podrías haber sido testigo del mismo...

    Salud a todos!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hay encuentros que marcan nuestra memoria con agrado, los hay también que al contrario. Mejor recordar los que fueron bellos. Soy de los que opinan que mejor aprovechar esos instantes, entregarse con sinceridad y complicidad. He vivido ya demasiados de los que me arrepiento de no haber sido más audaz.

      Ya me gustaría formar parte de alguno de vuestros instantes, de compartir este viaje con intensidad. Unos estáis lejos, y los que quedan más cerca no hay coraje para hacerlo. Así que estamos como estamos, jajaja

      Un abrazo amigo.

      Eliminar
  2. Hay recuerdos como este con un significado especial que se preservan como algo valioso en la memoria y a los que solemos volver para rememorar por unos instantes el amor, el dolor y la ternura. Es bueno tenerlos porque a fin de cuentas el que existan te demuestran que no has pasado de largo por la vida, que estás vivo, pero tampoco es bueno dejarse prender por la nostalgia que acarrean.
    Un abrazo grande, y mucho ánimo si andas con las defensas un poquito bajas, ¡aupa, hombre!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Estás en lo cierto. La nostalgia no es buena, ya que nos hace vivir anclados en el pasado. Lo único cierto es que de repente ves una fotografía, paseas por un paisaje, un olor, un sabor, y te viene el recuerdo de un momento, de una persona, de un instante de vida. Y te enardece, alegra tu cuerpo y tu mente.

      Estoy bien amigo, de verdad. Es este cambio de hora que me llena al anochecer más tarde pero que me desorienta un poquillo. Todo anda mucho mejor que en años.

      Un abrazo amigo.

      Eliminar