UN SORPRENDENTE VIAJE QUE LLEGÓ A LAS PUERTAS DE LA MADUREZ, LLENANDO DE NUEVAS SENSACIONES MI VIDA.

jueves, 14 de abril de 2016

En intimidad con uno mismo


Nunca debemos perder la pasión, el deseo, el placer de acariciar una piel, aunque sea la propia.



Hay momentos en que el estrés, el desanimo u otros motivos nos llevan a abandonarnos, a no motivarnos, a no excitarnos. No me refiero exclusivamente a nuestras relaciones de pareja, o a las buscadas con otros. Hablo de los encuentros con nosotros mismos por nuestra propia soledad, en ausencia de la pareja o por la imperiosa necesidad de sentir más placer al no ser suficiente o satisfactorio el recibido.

La ausencia total de sexo puede parecer no ser importante, pero lo cierto es que esa actitud no es positiva para nuestra mente y cuerpo, a no ser que hayamos llegado a un momento de tanta trascendencia energética en nuestra vida que no nos sea vital. Para el resto de los humanos, el sexo nos da poder, autoestima, atrae al dinero, el éxito, las energías positivas, nos da alegría, delicia, gusto, placer.

Recuerdo el descubrimiento con uno mismo. Siempre dispuesto para sentir la propia virilidad, jugueteando con las manos, deslizándolas con ganas hasta que te invadían espasmos de placer, llegando incluso hasta alcanzar la barbilla o la misma cara con el esperma. Era el fruto del ímpetu juvenil.


Ahora cuando se da ese momento de intimidad con uno mismo, todo es diferente. Ya no hay prisa, se busca para sentir, para detenerse en la misma piel, con caricias que nos consumen en ardiente fuego. A mi me gusta al despertar de un día sin prisas, cuando los sueños de la noche han alimentado nuestra libido, creciendo en dureza el pene y las manos juegan sin prisa, halagando el tronco, humedeciendo con el dedo mojado en saliva el glande, abrazándolo hasta que el placer se hace sublime, alcanzado un blanco y húmedo orgasmo.


Si tenemos a mano un aceite tibio con el que recrearse, el goce se magnifica hasta extremos únicos, sensoriales. Incluso la mano se convierte más audaz descubriendo puntos de placer ocultos. Son momentos únicos, que nos ayudan a conocer nuestro cuerpo, a liberarnos cuando estemos con otros, descubriéndoles que nos hace gozar, gemir hasta el deleite.

Después de tantos años aún hay sensaciones encontradas, nuevas, pero tan gratas que transitan por mi cuerpo seductoras, generadoras del más bello placer. No dejes nunca de descubrirte. Eres el mayor tesoro que tienes. Cuídalo, reverdécelo, mímalo para que siempre este fresco y lozano.

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Las fotografías proceden de Internet, y no se cita al autor por no indicarse en el lugar de origen su autoría y procedencia. En caso de incumplimiento involuntario de algún derecho se retirará inmediatamente










6 comentarios:

  1. ...me han dado ganas de instalarte una cámara oculta en el dormitorio para grabarte en acción durante uno de esos despertares, ¡mecagüen tal que sofocos!..pero sí, es verdad, tenermos que aprender a querenos mucho a nosotros mismos,en todos los aspectos pero en este ¡también!
    Un abrazo (acalorado, pensando en el aceitillo y los lugares ocultos, buffff!!!)

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    1. Mejor será que vengas y compartimos ese momento en directo, que a mí eso de grabar imágenes intimas como que no, jajajajajaja

      Un abrazo

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  2. Oye, después de leer el post la pregunta es obvia: Eres tú el de las fotos?
    Porque si es así, estás tremendo. Y si no lo eres...está tremendo igualmente (sea quien sea).

    Saludos, Germán.

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    1. No! no soy yo, aunque podría pues me parezco bastante al de las fotos. Esa es una de las razones por las que me sentí atraído al verlas, jejejeje

      Un abrazo

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    2. Pues me reafirmo en lo dicho: Si te pareces al de las fotos...estas tremendo! jejeje
      Saludos.

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    3. Habrá que tomar ese café, jejejejeje y conocernos, que apetece conversar contigo.

      Un abrazo

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