UN SORPRENDENTE VIAJE QUE LLEGÓ A LAS PUERTAS DE LA MADUREZ, LLENANDO DE NUEVAS SENSACIONES MI VIDA.

sábado, 1 de agosto de 2015

Alientos bajo el sol




Parece que todo el mundo se ha echado estos días a la carretera para conquistar playas y parajes donde reponer fuerzas y anhelos. Algunos de esos veraneantes buscaran alientos bajo el sol. Esos abrazos que motivan a muchos hombres bisexuales casados para el resto del año.




Seguro que antes ya habrán buscado en internet que sitios ocultos hay cerca, incluso el lugar vacacional habrá sido elegido con algún interés furtivo. De todas formas, es conveniente al llegar a la playa el mirar con ganas para formarse una composición del lugar, que hay que trazar planes que resulten de lo más cotidianos para no hacer saltar las alarmas.



Y un día se encuentran con la mirada de un hombre sobre la arena que escruta desde la distancia sus ganas. El simple roce de una mano en la polla hace que arda hasta el sol, la arena y el agua. Tanto morbo desatado obliga a un paseo por la orilla, ducharse con el agua dulce en el vértice de la playa o tomarse una caña en un chiringuito para un primer contacto, asegurándose de que el otro le sigue con levantada codicia.


Las palabras son leves pero precisas. Allá, al final de la arena, entre dunas, cerca de los pinos les espera el goce de la carne.


Tal vez haya un segundo encuentro entre los dos, tal vez sea único. Pero su recuerdo ardera entre sus manos durante el duro y solitario invierno.

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