UN SORPRENDENTE VIAJE QUE LLEGÓ A LAS PUERTAS DE LA MADUREZ, LLENANDO DE NUEVAS SENSACIONES MI VIDA.

viernes, 3 de julio de 2015

Meditación


Entrar en uno mismo. Interiorizar. Sentir hasta el infinito. Mirar en tus aguas hasta romper las cercas que oprimen. Hacer crecer energías de luz en el corazón para que te inunden con la hermosura de la vida.


Meditar es conocerse, aceptarse, intimar, frecuentar tus voluntades, esfuerzos, atrevimientos, osadías, para canalizarlos hacía aquello que te hace sentir bien. Hay veces que se produce un desgarro, como una sombra emboscada que te acecha para cegarte. ¡Sigue! Sigue buscando, respirando, entrando en la luz que anhelas por romper todo lo negativo anegando de belleza tu cuerpo.

Profundizar en mi interior me da fuerza para vivir con alegría mi camino. Me gusta meditar sentado desnudo, como una entrega total. Prefiero hacerlo en la playa arrullado por la voz del mar que me canta ancestrales mantras. La brisa rodea mi cuerpo con las alas del cielo y la voz del sol ilumina mi mente. Es un momento supremo que no rompe el paso de nadie, ni el de una gota que saltarina se sacude de la ola al romper con la arena. Es mi momento. Siempre que puedo me acerco a gozar de ese tiempo que me enamora con dulzura, paz y sosiego.


Esta semana dos veces he tenido ese disfrute en una playa virgen, solitaria y cercana, tras relajar mis ojos con un paseo teñido de pinos, romeros, jaras y lirios de agua de mar, llega el momento de colmarme con mi fuerza. ¡Despierto en mi!.



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