UN SORPRENDENTE VIAJE QUE LLEGÓ A LAS PUERTAS DE LA MADUREZ, LLENANDO DE NUEVAS SENSACIONES MI VIDA.

martes, 29 de abril de 2014

Caminos de hombre


Llevo unos cuantos días sin escribir, apartado de este viaje por un quiebro inesperado que ha dolido. Hay quien busca causas de aflicción a su vida y las traslada a las de los demás, y al que después de esclarecer hay que dejar que siga su camino. Es su elección de vida. Pero como se le sigue apreciando, lo sucedido me ha hecho pensar en muchas palabras compartidas, destacando de entre todas una, el valorar la grandeza de quien te acompaña en el camino.

Somos hombres, y tal vez también mujeres, los que nos asomamos a este blog buscando qué camino tomar desde nuestra sexualidad plena. Como el amigo de la foto, nos enfrentamos a dos caminos que creemos no poder seguir a la par, uno es el que marca nuestro lado más masculino y el otro el que marca nuestro lado femenino. Porque todos, absolutamente todos los seres humanos poseemos esa dualidad, en unos más desarrollada una que la otra, en nosotros a la par, o casi.


Con la vista ante dos caminos, golpeamos nuestros pensamientos duramente haciéndonos daño, sin pensar que nuestra única posibilidad está en que confluyan en uno mismo. Un trabajo arduo a veces, por lo que nos ayuda el compartir experiencias, momentos, inquietudes, sueños, esperanzas, pero también desesperanzas con otros hombres que se enfrentan a nuestra misma disyuntiva.

Lo hemos dicho muchas veces, nadie dijo que el camino fuera fácil, y menos encontrar el adecuado a nuestras circunstancias, pero encontrarse en ese camino con adustas piedras que te echa alguien que dice ser tu amigo y que vive tú mismo camino, duele. Es de esos tropiezos de los que te levantas atontado, quejándote de lo sucedido, pero con el firme propósito de aprender que no todos viven desde la intimidad de tu pecho.

Así, a la fuerza, aprendemos de la ligereza de ciertas amistades, pero también de la profunda amistad de aquellos que si comparten tu camino desde el alma. Aquellos que están a tu lado encontrando un único camino que nos hace amar a nuestras familias con el abrazo del amigo.

René Magritte es un pintor surrealista belga, nacido en 1898 y fallecido en 1967



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Las fotografías proceden de Internet, y no se cita al autor por no indicarse en el lugar de origen su autoría y procedencia. En caso de incumplimiento involuntario de algún derecho se retirará inmediatamente


martes, 8 de abril de 2014

Buscando mi libertad de ser





Hoy me sentía vacío. Me he levantado con tristeza, melancolía e impotencia. Buscaba la alegría y no la encontraba. La esperanza se vislumbraba a lo lejos con una luz tan débil que parecía apagarla el soplo de la oscuridad.

Sentía la sensación de buscar mi libertad, pero una garra me oprimía en la menoría del pasado. Llamo a la puerta de la primavera y no me abre. Mi cuerpo tendido ante ella se suma en un abismo frío. Su susurro me taladra hasta que hastiado de sufrir me rindo a la evidencia. ¡Ayer!, te soñaba aliado, amigo fiel. ¡Hoy!, no sé lo que eres. 

Tengo la sensación de que pierdo el tiempo en cosas que no me despiertan a la vida. Necesito caminar por un paisaje que me llene de sensaciones bellas o que me llegue una mirada cercana que traiga una sonrisa a mi rostro.

De golpe, un pensamiento tan tenue, pero tan lleno de positivismo ha abierto la puerta de la primavera, rompiendo tu oscuridad, encendiendo su luz para amarme desde la verdad más pura. ¡Ahora! recostado en ella, vivo que, desde hoy, quiero ser solo yo mismo.




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lunes, 7 de abril de 2014

Vuela mi mente




Desnudo, con la pierna doblada, y los dedos mimando mis dedos, voy tragando el aroma de mi soledad encontrada. Vuela mi mente aquí y allá, fugaz y amarga. Custodia mi origen, mi presente, mis ansias. Me abandono en ella prolongando mi ausencia.

Aguardaba en mí para decir que necesito un amigo con el que conversar de la luna, del cielo azul, de cómo caminar por la tierra. Un amigo de vida, que deje sentir sus latidos tomando una caña o sorbiendo la vida como a sorbos se bebe un café caliente. Deseo tanto que esos latidos vayan marcando nuestro momento, sin prisas ni agobios, que lo creo perdido en mil silenciosos pasos.

Cuando viene la tarde, el eco aún lejano ha traído su sosegado caminar hasta mi palpito dorado como el día. Anda buscándome atravesando sombríos pasadizos, empinadas escaleras, olas de espuma, caminos desiertos o calles deshabitadas. Como yo, no ceja en su empeño, desea tanto traerme su mirada, o una caricia, o un beso, o un abrazo, o todo ello y nuestros cuerpos prietos, que anda y anda dejando huellas en la arena de una playa que baña los pinos de la dehesa.

Surcos mojados por un mar que ha traído a mis sienes un nombre lanzado desde su boca, ofreciéndome la dulzura de sus ojos y abierta la sonrisa. Tiende su mano hasta rozar la mía. Su brazo se alarga acariciando el aire para besar mi cuerpo con sus firmes dedos. El deseo guardado se abre para cerrarse en un abrazo que nos une en los sueños de los dioses.

En mi oído resuenan sus esperados labios. ¡Ven!, para compartir las cosas bellas que son más bellas si a mi lado estás, estimado amigo, cómplice, claro, franco, con el que desde el afecto quiero compartir ilusión, inquietudes, miedo, deseos y ensueños.




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domingo, 6 de abril de 2014

Tu mano en la mia




Fue solo un café tomado al lado de una ventana por la que se colaba el sol de una primavera al natural. Hablamos de todo y de nada. De todo lo que nos rodea y de nada de lo que motiva nuestras inquietudes y ganas.

Al desprendernos de nuestro tiempo, tu mano tomo la mía, asiéndola con fuerza. Acariciando con la palma de la mano mí desnuda mano. Tus dedos apretando los míos y los míos los tuyos. Pasaron solo unos segundos, pero tan llenos de aliento que parecieron horas en las que darse el uno al otro.

Era una despedida no querida. Volvimos a darnos la mano, y lo volvimos a hacer y hacer, sintiendo en cada ocasión nuestra pasión escondida entre mundanas ropas.

La calle impido el deseado abrazo. Lo vi en tus ojos anhelantes, lo verías en los míos, cálidos y sonrientes. No era el lugar para darse los brazos, pero si las manos. Y nos las dimos difundiendo por nuestra piel la esperanza del reencuentro.

Hay momentos en los que sobran las palabras. Instantes en los que un necesitado y escaso apretón de manos, transmite las mismas sensaciones que un cuerpo pegado al otro en busca del placer más deseado. 


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