UN SORPRENDENTE VIAJE QUE LLEGÓ A LAS PUERTAS DE LA MADUREZ, LLENANDO DE NUEVAS SENSACIONES MI VIDA.

jueves, 14 de noviembre de 2019

Atrapado en mi misma piel - II


Esta mañana no voy a escribir una entrada en el blog. Busco dirigirme a vosotros a través de una carta por considerarla, si cabe, más cercana.

Fotografía: Fede

Estimados amigos que me acompañáis en este viaje tan nuestro:

Hay días que me siento ante el ordenador y dejo fluir mis pensamientos en una especie de diario informático. Algunos de esos escritos los traslado al blog por compartirlos con todos vosotros. Son como un testimonio de mi vida, de lo que siento, pero también son palabras que al expresarlas y compartirlas con vosotros me liberan de esa carga que aprisiona en algunos momentos hasta asfixiar. Conoceros en este viaje es de lo mejor que me ha sucedido en la vida. Vuestros comentarios son sinceros, limpios, sin artificios ni egos que pretendan cambiar los míos, por eso los valoro tanto, y agradezco por tanto el recibirlos.

En octubre os trasladé unas emociones sentidas en un día tedioso, lluvioso, repleto de preguntas sin respuestas. Como decía el título de la entrada del blog, me sentía Atrapado en mi misma piel.

Mi vida es feliz a ratos, como la de todos, si exceptuamos a aquellos que han encontrado, desde su interior, el verdadero camino. Sinceramente, me siento más tiempo feliz que infortunado. Seguro que muchos no lo verían así si estuviesen en mi piel, pero yo lo siento de esa forma.

Estoy ya en una etapa madura donde no se toman ciertas cosas o actitudes con el ímpetu de la juventud. De esta forma he admitido no tener desde hace cinco años un trabajo estable, y por tanto depender de mi mujer económicamente en algunos aspectos. No es fácil encontrar trabajo a cierta edad y más cuando tienes un curriculum al que califican de brillante y no te “ven” para desarrollar cualquier trabajo. No es fácil asumirlo o al menos aprender a vivir con ello tras haber desempeñado trabajos que eran en si mismos un sueño.

La anterior crisis económica me golpeo duró. Primero llegó el paro, cuando pasaron los dos años no quedo nada. Bueno, sí que quedo mucho desanimo al rogar un empleo a amigos, familiares, a conocidos o desconocidos. La respuesta ya os la he apuntado antes. Pero esa respuesta a mí no me ayudaba nada, al contrario, me hundía más en la desesperación. Una impotencia a la que se unió el reciente descubrimiento de mi bisexualidad. Ya podéis imaginaros lo que sobrevino, preguntas y más preguntas sin respuestas, incluso con puertas cerradas. Me costó admitirlo, hasta que asumí que tenía el cortisol muy alto y había que buscar una solución ya.

¡Si amigos!, la depresión se convirtió en ese amante no querido que me abrazaba con demasiado ímpetu, penetrando hasta lo más hondo de mi ser. Me daba tan fuerte que me dejaba sin fuerzas para gozar de la vida. Mi psicólogo me dijo un día que escribiese todo aquello que percibía como una forma de liberarme de ello, ya que siempre me he resistido a tomar medicación. Puesto a ello decidí abrir este blog. Necesitaba compartir con vosotros mi dualidad, unas sensaciones no buscadas y por tanto no entendidas, llegadas cumplidos los cincuenta, y que me atrapaban en la desesperanza.

No creo necesario incidir en todos estos años, los que viajáis conmigo sabéis de ello por este blog. Lo que si me gustaría resaltar es que amo a mi mujer. Por ella lo deje todo, mi familia, mi territorio, mis amigos, mi trabajo. Emprendí una nueva vida con solo un referente, Ella. Así me encontré lejos de la vida que conocía, siempre protectora y benefactora, pero no me arrepiento y lo volvería a hacer. Con ese cambio  tan importante descubrí lo que es el verdadero amor. Por eso lo pasé tan mal cuando me descubrí sintiendo otras sensaciones. Fue un verdadero choque de trenes el que viví.

Y ¡sí! aún conociendo el verdadero amor, he de reconocer que en estos momentos no me siento mal cuando imagino una vida compartida con un amigo al que sentir como parte de uno mismo. Este blog me ayudó a aceptar mi dualidad, el sentir al lado de mi mujer y la posibilidad de compartir mis sentimientos con un hombre.

Desde aquella entrada de octubre, muchas cosas han cambiado. Vuestra energía positiva y afecto me ha llegado con tanta fuerza que el amor por mi mujer sigue intacto sin detenerse en pequeñas discusiones por trivialidades originadas en más de treinta años de convivencia. Por otra parte, un trabajo que estaba estancado desde hace un año fluye de nuevo, y presiento la cercanía de un amigo que ha de sentir junto a mí. Ya veis, toda una transformación producida desde la reflexión y el diálogo establecido con vosotros.

Gracias de nuevo amigos por vuestras palabras, por compartir vuestras historias con todos los compañeros de viaje, que como en una excursión grupal, cada uno vive y considera esa experiencia de vida de una forma diferente, esa es la grandeza de los seres humanos, ¡que aburrido sería si todos pensásemos y actuásemos de igual forma! Me gusta vuestra diversidad y parecer.

Como alguno de vosotros dejo escrito en los comentarios, no me siento un gay que no quiere reconocerlo. Me excita el aroma de una mujer, pero también la fuerza de un hombre. Considero que mi proceso está en vivir desde la dualidad, acariciando la piel de ambos con toda mi felicidad. La misma felicidad que os deseo desde el corazón a cada uno de vosotros. En definitiva me siento atrapado en una piel a la que amo y reverencio como ser humano que soy. Todo comienza por quererse a uno mismo.

Un abrazo que deseo sea grupal, para sentirnos juntos, con más fuerza. Se os quiere.

PD: La foto que acompaña a este texto pertenece a Fede, uno de nuestros compañeros de viaje. Llegó a mi correo electrónico esta misma semana. Me encantó que lo hiciera de una forma tan natural y sincera. Muchas gracias amigo.












martes, 12 de noviembre de 2019

Otro otoño



Otoño que es otro y el mismo de hojas caídas y revuelos en el aire. Abro los brazos abriéndome a la vida. ¿Adónde irá esa hoja que el viento mece en verdades?

Sé que subirá, que volará enflaquecida, que se balanceará frágil hasta bajar a acunarse en los brazos de la tierra. Cuando te llegué, no olvides que mi sentir cruje en sus inertes ligazones. Olerá a bosque, a naturaleza que presagia una nueva vida.

Otoño que no es otro que el mío, el tuyo, el nuestro.





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