UN SORPRENDENTE VIAJE QUE LLEGÓ A LAS PUERTAS DE LA MADUREZ, LLENANDO DE NUEVAS SENSACIONES MI VIDA.

viernes, 19 de mayo de 2017

Mi mundo de cristal



Encerrado en mi mundo interior sorbo mis silencios buscando la forma de romper el cristal que me confunde. Un cristal hecho de mordazas y miedos, de desengaños y ausencias, de nostalgias e inquietudes.

Me siento como hundido en el fondo de una botella desde la que ver el mundo protegido por un muro de simuladas transparencias. Romperlo con alguien que te ayude a hacerlo sería como un sueño, o al menos eso creo. Porque igual estoy equivocado, y lo mejor, dadas las experiencias, es romperlo solo.

Y es que a veces pienso que nos obstinamos en lo que no debe ser, como el querer encontrar a un amigo que sea tu cómplice. Esa fue mi única intención en la cita a ciegas de la que os hablaba en el post anterior.  No había nada más. Solo el tener a alguien con quien compartir mi otro lado, que rompa conmigo ese cristal que nos confunde. Y eso parecía darse en los whatsapps que intercambiamos. Lo demás si llega es porque ha de llegar y sino por lo mismo.


Agradezco de corazón todos vuestros comentarios y muestras de apoyo. Como dice el Antiguo Testamento en el Génesis: Y el Señor Dios dijo: No es bueno que el hombre esté solo; le haré una ayuda idónea... Y a mi me ha dado una gran ayuda, la mejor, el teneros a todos vosotros como compañeros de viaje. Abrazos desde dentro.

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Las fotografías proceden de Internet, y no se cita al autor por no indicarse en el lugar de origen su autoría y procedencia. En caso de incumplimiento involuntario de algún derecho se retirará inmediatamente










lunes, 8 de mayo de 2017

Cita a ciegas


Nuestra dualidad de hombres casados nos aboca en ocasiones a cegados encuentros que no llevan a ninguna parte. Supongo que nos dejamos llevar por el morbo del momento, por esa ansía de conocer a otros en mismas circunstancias de vida. Habrá quien lo hará por calmar su acuciante sed de hombre, otros por encontrar un amigo, y otros por no se sabe que razón.

En esta última categoría me incluyo. No busco nada, ni a nadie. Aunque pensándolo bien, tal vez este equivocado y en realidad si que busque una chispa en la vida, un hombre con quien conversar frente a frente de mis sensaciones e inquietudes. Tengo algún amigo con quien hacerlo, a los que aprecio de corazón, pero pasan los meses y no puedo verlos o hablar con ellos. Obligaciones de ambos nos lo impiden, aunque casi siempre son más mías que de ellos. En esos momentos, cuando se vuelve imperioso el contacto visual y cómplice de un hombre, es cuando bajo la guardia y me dejo arrastrar por un mensaje que me lleva a una cita a ciegas, aún sabiendo que no va a haber feeling, complicidad o como queráis llamarlo, porque acudo a la cita sin ganas, con la sensación de que estoy fallando a mis convicciones, con la obstinada pregunta de que hago yo allí.

Nunca origino un contacto. Siempre es el otro el que me envía un mensaje. Esta vez todo comenzó con unas palabras en el mail de este blog. Contesté como siempre hago, conversando con frases cortas con alguien que se muestra interesado en conocerme. Le contesté. Insiste en hablar. Le digo que no busco nada.  Sigue enviando mensajes. Al final cedo y nos pasamos el número del móvil. Pide intercambio de fotos y le digo que no. Hablamos una vez, y dice que soy simpático. Imagino que fue porque hablé sin parar, contestando a sus incesantes preguntas. 

Me resisto, pero me ilusiona. Te desengañas porque te dices que no buscas nada, pero sigues hablando más mal que bien por whatsapps aunque en realidad, lo haces sin saber porqué. No te esfuerzas en contestar, y un buen día vuelves a hablar por el móvil y quedas para tomar un café que al final es un esporádico encuentro de cinco minutos, de pie en la calle, y que desde el primer momento eres consciente que está abocado al fracaso. 



¡Si!. No sientes nada pero quieres quedar bien y comienzas a decir tonterías y más tonterías. No es de extrañar que todo acabe pronto, con un apretón de manos y un estamos en contacto. Sabes que has hecho el ridículo más espantoso.

Ya con el primer paso de vuelta eres consciente que no va a haber ningún contacto, que todo acaba ahí. Por muy atractivo que fuese tu cita, tu mejor amigo, el que escondemos en la entrepierna no se ha sentido motivado, y tal vez al otro le haya pasado lo mismo.

Buuufffff…. Es entonces cuando pienso que he de esforzarme en no dejarme llevar por impulsos, en que he de seguir los dictados de mi corazón, en hacer caso a mi intuición, que nunca me falla, en no dar la cara para que pongan cara a quien esto escribe. Porque en realidad me sentí utilizado.

A estas alturas de la vida, voy teniendo muy claro que no me gustan las citas a ciegas, aunque soy consciente que alguna que otra habrá, pues soy un hombre que necesita mirar de vez en cuando la complicidad en los ojos de otro hombre.

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martes, 2 de mayo de 2017

Manos desnudas


Anhelo una mano desnuda asida a la mía.  Anhelo su caricia llena de vida. Anhelo su secreta piel. Anhelo sus palpitantes rumores que me quiebran en espasmos que flotan en el aire.



Hace tanto tiempo que estuvo entre mis manos una mano de hombre que ya no recuerdo sus mimos, sus agasajos cumpliéndome en alegrías. Es como si el invierno se hubiese asentado entre ellas no dejando que se cobije la primavera.

Esta tarde andaba cumplido en horizontes diferentes, anhelando que unas manos fuertes se derramen entre las mías para gozar luminosas, como música surgida de unas cuerdas.

Al acercarme a tus palabras he anhelado tu mano desnuda agarrada a la mía, tu mirada penetrando en mis ojos, tu cuerpo sucumbiendo en mi piel.

La tórtola he llenado la tarde con sus cantos que buscan aparearse, como mis manos buscaban las tuyas para juntos germinar extenuados por el placer.

Anhelo tus manos ausentes como reclamo de mi alegría.

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