UN SORPRENDENTE VIAJE QUE LLEGÓ A LAS PUERTAS DE LA MADUREZ, LLENANDO DE NUEVAS SENSACIONES MI VIDA.

martes, 14 de marzo de 2017

Aceptar (II)


Muchos comentarios ha generado el como siento mi aceptación actual. Tantos mensajes por aquí y en privado que creo mejor aclarar algunos puntos que parecen haber quedado un poco confusos.

Ante todo quiero determinar que no me ha fallado nadie. No han sido los otros. He sido yo. Mis miedos, desasosiegos, perturbaciones. Mi yo conmigo mismo que no me dejaba vivir de tanto pensar.

Mucho ha pesado la no aceptación de la situación, el suponer que puedo perder a mi mujer, el creer que debía cambiar una vida según algunos equivocada desde siempre. ¡Miedos!, ¡miedos!, ¡y más miedos!. Y mucho dolor. Tanto, que me he roto más de una vez. Porque los miedos dejaban paso a las inquietudes, a las ganas, al deseo escondido, a la ilusión, y estos, de nuevo al miedo convertido en horror.



Un viaje de subidas y bajadas, de encuentros y separaciones. De querer encontrar a un amigo y cuando lo encuentras desear que no prospere esa amistad para que no cause presuntos problemas en el  futuro. Demasiado miedo anidando en mi interior convertido en hartazgo, en desgana, en cuerdas sinrazones.

No es fácil sentirte diferente a los demás, puede ayudar también que haya sido en la madurez, muy cerca de los cincuenta, sin esperarlo ni buscarlo, cuando crees que tu vida va a seguir siendo como hasta ese momento.

Todo ello refuerza el que sea yo mismo quien interfiera en mis deseos de hombre, quizás no sienta tanto deseo por estar al lado de uno, quizás solo busque una palabra amable, una caricia o simplemente estar, hablar, compartir esa inquietud que desgarra mi cuerpo en dos.

Este blog y vosotros me habéis ayudado a encontrarme, a sentir sin miedo, a comprender que debo vivir el presente, de que puedo apetecer el abrazo de un hombre sin romperme  ni romper mi entorno en mil pedazos.

Aceptar es quererse a uno mismo, en realidad mis debilidades son mis victorias. Por ello mejor vivir que anhelar. A vosotros, compañeros de viaje, gracias por estar ahí.

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martes, 7 de marzo de 2017

Aceptar


Estos días hablaba de mi desgana, de mis reflexiones en torno a este viaje que nos inunda como una escapatoria a la más absoluta nada o al más placentero todo.


Cuando descubrí que soy un hombre completo, lo primero que desee fue tener un amigo con el que compartir no solo momentos de intimidad, sino también ocio y relaciones sociales, esto es, un buen amigo cómplice.  No concebía este viaje solo como momentos de placer, sino como una parte más de mi vida.  El tiempo me ha hecho ver que no es viable, o al menos por el momento. No quiero cerrar la puerta a nada ni a nadie, pero es la más clara realidad.

Y no es que no me haya acompañado gente maravillosa en este viaje, solo que mis miedos, la falta de cuadrar horarios, la insoportable distancia, incluso las perspectivas de futuro de cada cual, me han apartado de ellos. He de decir que he sentido y siento verdadero afecto por esos amigos. Les echo de menos. Sus palabras, sus caricias, sus abrazos fueron sinceros como lo fueron los míos.  Su sola presencia, el saber que estaban cercanos en la lejanía me daban fuerzas. Era como tener alas en los pies que me hacían volar en este viaje con ilusión y ganas.

Cuantas veces he pensado que las casualidades, que ciertamente no existen, les apartaron de mi vida para que no rompiera lo que más quiero y deseo, mi familia. La fuerza del pensamiento actuó salvaguardándome de hechos que hubiesen perturbado mi esencia de vida. Todo sucede por algo, aunque en ese momento uno no lo pueda ver o entender.

Hace poco ha vuelto a cumplirse. El verano pasado encuentras a un buen amigo con el que simpatizas, con el que compartes aficiones. Te ilusionas. Y todo se va confabulando para que no puedas quedar ni a tomar una cerveza como dos amigos de siempre. Puede que sea momentáneo, también puede que sea el destino. Por eso ahora he decidido no emprender ni descubrir, tan solo vivir, aceptar. Como dice el aserto, lo que haya de ser será.

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viernes, 3 de marzo de 2017

Desgana




Sentado en este columpio, reflexionando sobre mi estado de ser, llego a decirme que si tuviera que usar un calificativo para mi estado de animo actual, sin duda sería el de desgana. 

En este viaje anida en mi una falta de entusiasmo que tal vez sea fruto de mi forma de conducirme. No aprender a aceptarme por mucho que lo intente sigue atormentándome por el porvenir y por el pasado, no dejándome vivir plenamente.

Es verdad que uno no pide nada a los otros. No puedo hacerlo cuando antepongo mi vida personal y familiar a ellos. Y se entra como en un bucle que exacerba hasta lo indeseable. Desde esa posición cada vez apetece menos entablar, buscar, hallar o simplemente estar. Desde esa posición solo existe desgana.

Es más, cuando encuentro a alguien con el que compartir el viaje, cuando me siento bien, todo se confabula para apearme del mismo en la estación de mis desasosiegos. Es como si me hiciesen ver desde lo oculto que he elegido un destino erróneo.

Esta tarde desde el columpio de mis pensamientos creo llegada la hora de que me deje llevar sin preguntarme nada, como lo hace este balancín mecido por la suave brisa de la tarde, desnudo el cuerpo y el alma.

Puede que sea mi destino no encontrar nunca un compañero de viaje.

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