UN SORPRENDENTE VIAJE QUE LLEGÓ A LAS PUERTAS DE LA MADUREZ, LLENANDO DE NUEVAS SENSACIONES MI VIDA.

jueves, 21 de junio de 2018

Verano del 18





Ya tenemos aquí el Verano del 18. Suena a título de película ya centenaria, pero es el que nos toca vivir y disfrutar este año.


Se presenta sin nuevas perspectivas, pero espero vivirlo con pasión y ganas, como cada año, mojándolo en el mar de mis sueños o en otros mares más lejanos, o en piscinas de interior, pozas o refrescantes pantanos. Compartir con mis amigos inolvidables veladas, fiestas en los pueblos o simplemente un paseo por el campo. Encontrar la refrigeradora sombra bajo la que leer a Lorca, Séneca, Vicent, March o Sierra. Pero sobretodo con el abrazo de mi mujer mientras escrutamos la noche de San Lorenzo en busca de una estrella fugaz. Antes saltaremos este sábado la hoguera de San Juan, quemando todo lo malo para que entre lo mejor de la vida. Pide como haré yo tu deseo con la fuerza necesaria para que se cumpla. El mío es vivir con plenitud mi existencia viajera al lado de la mujer que amo.


En realidad, hay tantas cosas que se pueden hacer en el verano, que mejor es no planificar nada y dejarse llevar por el dorado aroma de su tiempo. ¡Disfrutadlo! ¡Sed felices!

Y a los que estáis en el cono sur americano, aprovechad el arropo de una manta, y el calor de vuestra pareja o un buen amigo. La vida está hecha para gozarla no para hundirnos en ella.






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miércoles, 20 de junio de 2018

Así quiero verme yo siempre



Valencia tiene la bondad de tener playa, pero a tan solo unos kilómetros encuentras paisajes de un verdor extremo con pozas en las que aliviar las altas temperaturas.

Llamadme raro, pero ahora cuando las playas se llenan de tanta gente, prefiero refugiarme en esos mágicos lugares. Digamos que se me hace necesario alejarme de la multitud.

Camino por senderos de tierra, cobijado por la sombra de los árboles unas veces, acariciado por el vespertino sol otras, envuelto por el silencio de la naturaleza. Es mucho más que puro goce.

Al llegar a las pozas que forma el río me acerco a una que está rodeada de agua. Hay que dar un pequeño salto para alcanzarla. Ya en ella, me desnudo dejando libre a mi cuerpo como libre está ya mi pensamiento. Sentado en la posición de Buda, inhalo y expiro llenándome de energía sagrada. Mi mente se vacía calmada por el arrullo del correr del agua y el canto de los pájaros.



El tiempo se desvanece sin reflejo en el dorado silencio. Cuando alcanzo mi yo, el cuerpo despierta a las sensaciones de la mañana. Toca mojarse con el agua que acaricia las algas ancladas en el fondo de la poza, como un bautismo que te hace renacer a la plenitud de tu vida.

Es mi tiempo, mi momento, mi espacio. Así quiero verme yo siempre, feliz con mi piel.




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